Él viene de una pequeña aldea; cuando llamó por teléfono a su madre en la capital, Freetown, para contarle de su elección, le dijeron que había ido a la aldea a orar por él.
El cónsul llamó entonces por teléfono al tenor Rafael Ribero Silva, su compatriota, para que le consiguiera un cuarto en la pensión donde ambos vivíamos.